Santa Sofía de Constantinopla

(En colaboración con Maria Lindmäe, Júlia Villalobos y Pascaline Besnard).

 

 

 

Contexto histórico – Imperio Bizantino

En el año 476, se produjo la caída del Imperio Romano de Occidente, dividiéndose el territorio en centros independientes de poder. Por esta razón el Imperio de Oriente se convirtió en el único sucesor legítimo del Imperio Romano y principal potencia del Mediterráneo en todos los planos. El emperador Justiniano accedió al trono en el año 527, momento en que comienza la época de esplendor político y cultural del Imperio Bizantino. El nuevo emperador, motivado por la idea de renovar el antiguo Imperio Romano, concibió su imperio como un Imperio Cristiano. Santa Sofía, también llamada Hagia Sophia que significa “Divina Sabiduría”, fue parte de la reforma cristiana desarrollada por Justiniano.

Antes de la monumental construcción justinianea, existía ya en Constantinopla una Hagia Sophia terminada en la época de Teodosio II en 415. Justiniano, un siglo más tarde, con la motivación de realzar aún más su poder, decidió realizar una construcción mucho más grandiosa y exuberante. Parece que antes de que la revuelta Niká se desatara en 532, Justiniano ya tenía en la cabeza y en planos la construcción de una nueva basílica, ya que en poco más de un mes después de la revuelta, ya se había comenzado a construir su gran iglesia. En la arquitectura paleocristiana anterior, los maestros de obra habían dominado la arquitectura, pero para la edificación de Santa Sofía, se requería mucho más que simples maestros de obra: se necesitaba científicos. Por esta razón, Justiniano buscó matemáticos conocedores del arte abstracto (no práctico) de la construcción, con el fin de elaborar un edificio nunca antes imaginado.

Y eso eran Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto: matemática pura. “Nos gustaría pensar que no eran arquitectos en principio, pero que se convirtieron en tales cuando se les requirió que elaboraran los planos y cálculos de un edificio”[1]. Estos dos hombres estaban alejados de la práctica de la construcción, desconociendo la tradición de la construcción romana predominante en aquel tiempo. Y fue debido a este desconocimiento, que tenían la libertad inventiva indispensable para crear un templo cristiano como nunca antes se había construido[2]. Antemio de Tralles no dudaba de su habilidad para edificar a Santa Sofía porque creía que la arquitectura no es sino “la aplicación de la geometría a la materia sólida”[3]. Irónicamente, su aplicación de la geometría abstracta en la arquitectura llegó al punto de construir con materia sólida, un templo que parecía desolidificado, hecho en el aire. Como lo diría el historiador Procopius, “For it seems somehow to float in the air on no firm basis, but to be poised aloft to the peril of those inside it. Yet actually it is braced with exceptional firmness and security[4].

Eso era lo que buscaba Justiniano: una construcción verdaderamente digna de Dios. Él ordenó su construcción “con el propósito expreso de empequeñecer todo otro edificio religioso”[5]. Y efectivamente fue el templo cristiano más grande construido hasta el momento, e incluso durante casi un milenio, hasta 1520 cuando se completó la catedral de Sevilla. La presencia de Dios estaba en Santa Sofía, en las palabras de Procopius, “whenever anyone enters this church to pray, he understands at once that it is not by any human power or skill, but by the influence of God, that this work has been so finely turned[6]. Dios había puesto su mano en la construcción de Santa Sofía, de ahí su grandeza.

 

 

Arquitectura

Santa Sofía es una basílica con cúpula, orientada en el axis noroeste-sureste. Se ingresa por el noroeste por medio de un nártex[7] exterior y uno interior. Cada nártex está techado con nueve bóvedas de arista, y originalmente estaban precedidas por un largo atrio cercado por una columnata. La iglesia consiste de una nave rectangular flanqueada por una nave auxiliar y tribuna a los dos lados, y en el ápside (suroriente) está el santuario o altar.

2. Plano de Santa Sofía

 

La planta de la iglesia es muy simple: un inmenso rectángulo (73.5 x 69.5 metros) entorno a un cuadrado (25 mts²), en cuyos ángulos están los pilares que sostienen la cúpula central, la cual pende a 56 metros del suelo. Honour la ve como dos mitades de una iglesia con octógono central, separadas para intercalar una gran cúpula entre ellas[8]. Este núcleo es el casco interno de la iglesia, y se alza libre y absolutamente independiente de la estructura secundaria que lo envuelve: las naves laterales, el nártex y las tribunas no intervienen casi nada en la resistencia estructural del núcleo interno.

El tipo de cúpula utilizado en Santa Sofía, se originó en el Cercano Oriente, la cúpula descansa sobre cuatro triángulos esféricos o pechinas que brotan de los cuatro pilares principales. Aunque la pechina se comienza a usar en Armenia e Irán[9], este método de construcción fue perfeccionado en la época bizantina, y se puede considerar como una de sus mayores contribuciones a la ingeniería. La cúpula central da la impresión de flotar, gracias a las cuarenta ventanas que rodean su base. Procopius refleja esta sensación de flote: “it seems not to rest upon solid masonry, but to cover the space with its golden dome suspended from Heaven[10]; también Pablo Silenciario habló de esta impresión: “is like the firmament which rests on air, though the dome is fixed on the strong backs of the arches[11].

Al este y oeste de la cúpula central emergen dos semicúpulas más pequeñas, apoyadas en los pilares principales y en otros dos pilares auxiliares, estas reciben el peso lateral y lo redistribuyen en tres semicúpulas aún más pequeñas que coronan los extremos oriental y occidental de la construcción. Krautheimer duda hasta qué punto estas dos semicúpulas  logran contrarrestar los empujes laterales de la cúpula central, de la misma manera que afirma que las semicúpulas más pequeñas tampoco ejercen ningún contrapeso[12]. Esta duda nace de los materiales utilizados: estos difieren radicalmente de las usuales cúpulas construidas en hormigón de la antigua Roma. En Santa Sofía, los pilares son de piedra, y las cúpulas de un ladrillo muy delgado cohesionado con mortero. La utilización de este ladrillo para techar un área tan vasta fue una innovación muy arriesgada, demasiado arriesgada: la cúpula colapsó en 558 y tuvo que ser reemplazada por una un poco más alta, terminada en 563. Además, tuvo que hacerse muchos arreglos posteriores a  las pechinas, arcos y pilares para solidificar la estructura, porque la cúpula los había movido. De hecho, Honour llega a considerar que el exterior de la iglesia, más que un diseño arquitectónico, fue el producto de una larga sucesión de añadidos y mejoras para mantener la cúpula estable[13]. “Desafiante a las leyes de la estática, sacudida por sucesivos terremotos, hundiéndose en sus puntos débiles y volviéndose a reparar, Santa Sofía parece un puro milagro”[14].

Santa Sofía es una construcción sin fachada, esto quiere decir que el foco de atención no es la entrada a la iglesia, sino la vista aérea (la cúpula). En este punto se encuentra otra de las diferencias con el estilo italiano anterior: en la arquitectura pagana romana, las cúpulas tenían muy poca prominencia; quedaban escondidas detrás de la fachada. Al igual que en las primeras iglesias cristianas, las cúpulas estaban encerradas tras paredes de ladrillo, con la intención de sólo ser vistas desde el interior. En Asia, en cambio, el hemisferio exterior de la cúpula era igualmente importante al interior, ya que simbolizaba al cosmos. Además, Justiniano quería crear un monumento que fuese visto y alabado por el mundo entero. Pero como el interior de la iglesia estaba reservado a la corte imperial, la cúpula debía sobresalir exteriormente.

Contexto histórico y reformas – Conquista Otomana

Con la llegada al trono turco de Mohamed II en 1451, llegó la última hora del Imperio Bizantino. La Constantinopla bizantina se encontraba en pleno corazón del Imperio turco, separando sus posesiones europeas de las asiáticas. El joven sultán eligió como primer objetivo la eliminación de este cuerpo extraño, para dar a su Imperio un centro político sólido en la propia Constantinopla. La ciudad fue conquistada en 1453. Mientras que el sultán preparaba sus tropas para el combate, los cristianos, griegos y latinos asistieron en Santa Sofía a la última misa[15].

Poco después de la conquista, el sultán Mohamed II ordenó que la iglesia de Santa Sofía fuese convertida en la mezquita de Ayasofya. Unos cien años más tarde el poderoso sultán Selim II pagó al arquitecto imperial Mimar Sinan para que hiciera más cambios en la mezquita, convirtiéndola en un verdadero edificio imperial musulmán. Santa Sofía fue una influencia muy grande para las construcciones musulmanas de Sinan, esta influencia es evidente en las mezquitas de Suleymaniye y de Séhzadé[16].

En la época de la conquista, la iglesia estaba bastante dilapidada, Mohamed II ordenó la inmediata restauración de la iglesia y su conversión a mezquita. Poco se modificó durante la conversión inicial de iglesia a mezquita: un mihrab, un minbar[17] y un minarete en madera fueron añadidos a la estructura[18]. También construyó una madraza  (escuela coránica) cerca de la mezquita.

Durante el reino de Selim II, el arquitecto Sinan restauró extensamente la mezquita, añadiendo soportes estructurales en el exterior para mantenerla estable. Además, construyó dos minaretes más al lado oeste del edificio, el palco del sultán y tres mausoleos. En 1739, Mahmud I volvió a restaurarla, añadió una fuente de ablución, otra madraza, una cocina pública y una biblioteca, convirtiendo a la mezquita en un complejo social.

Arte y decoración

El interior de la basílica bizantina está ricamente ornamentada con mármoles y mosaicos sobre fondo dorado. La decoración que se encuentra actualmente, es un rasgo típico de la decoración musulmana. Sus motivos preferidos son las formas geométricas, las epigráficas y las vegetales estilizadas. Con un contenido similar se desarrolla la decoración caligráfica, la cual reproduce pasajes del Corán, narra historias de los príncipes y explica la función del edificio. De esta manera se representan conceptos religiosos no sólo con imágenes, sino con formas abstractas.

El arte en Santa Sofía resalta sobre todo por sus mosaicos. Hoy en día muchos han desaparecido. Uno de los más importantes está situado sobre la puerta del “Vestíbulo de los Guerreros”, donde permanecía la guardia personal del emperador. Muestra a la Virgen y a Jesús recibiendo de los emperadores Constantino y Justiniano, las maquetas de la ciudad de Constantinopla y de la Iglesia de Santa Sofía, simbolizando la entrega de la ciudad a su voluntad.

3. Virgen y Jesús con Constantino y Justiniano.

4. Virgen y Jesús en el ábside.

 

En el techo, decorado con cruces, aún se pueden observar amplias secciones revestidas con mosaicos que proceden del siglo VI. En el ábside se localiza el mosaico figurativo más antiguo que se conserva (siglo VI, reconstrucción del siglo IX), representando a la Virgen con el Niño. La Virgen está sentada en un trono majestuoso y a sus costados (destruidos) están los arcángeles San Miguel y San Gabriel.

El gineceo (área reservada a las mujeres) está localizado en la plataforma superior. El trono de la emperatriz se localizaba en la parte central, desde donde se tenía una formidable vista de todos los mosaicos de Santa Sofía. En esta galería superior, está el mosaico más importante, considerado como una de las obras maestras del arte bizantino: la Déesis. Este presenta a un majestuoso Cristo, lleno de espiritualidad; y a sus lados, se encuentra a la Virgen María y a San Juan Bautista, ambos en tres cuartos de perfil, implorando la intercesión de Cristo por la humanidad en el Día del Juicio.

5.  La Déesis.

 

Bibliografía

- BLAIR, S. y BLOOM, J. Arte y arquitectura del islam 1250- 1800, Cátedra, Madrid 1999.

- CAPITEL, A. “Estambul y el renacimiento otomano”, en Revista del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid #329, 2002.

- COLE, E. Grammatica dell’architettura, Ed. Logos, Modena 2004.

- GRABAR, A. La iconografía bizantina, Ediciones Akal, Madrid, 1998.

- HONOUR, H. y FLEMING, J. Historia del Arte, Editorial Reverté, Barcelona, 1987.

- KRAUTHEIMER, R., Arquitectura paleocristiana y bizantina, Ediciones Cátedra, Madrid, 1984.

- OSTROGORSKY, G. Historia del Estado Bizantino, Editorial Akal, Madrid 1984.

- PABLO SILENCIARIO, Descriptio S. Sophiae. En LETHABY, W. y SWAINSON, H. The church of St. Sophia Constantinople, Macmillan & Co. New York 1894.

- PROCOPIUS, The Buildings. Edición de H. B. Dewing, Harvard University Press (Vol.VII Loeb Classical Library), Cambridge, 1940.

- RICE, D. El arte de la época bizantina, ediciones Destino, Barcelona, 2000.

- SALAMA, A. “Hagia Sophia”, Archnet.org, Massachusetts Institute of Technology, http://archnet.org/library/sites/one-site.jsp?site_id=2966.



[1] Krautheimer, R., Arquitectura paleocristiana y bizantina, Ediciones Cátedra, Madrid, 1984, p. 242.

[2] Honour, H.; Fleming, J. Historia del Arte, Editorial Reverté, Barcelona, 1987, p.234.

[3]Ibídem.

[4] Procopius, The Buildings. Edición de H. B. Dewing, Harvard University Press (Vol. VII Loeb Classical Library), Cambridge, 1940, p.17.

[5] Honour, H., Ibid, p.237.

[6] Procopius, Ibid, p.27.

[7] Nártex: “vestíbulo transversal interior que precede a las naves de la iglesia”. Krautheimer, ibíd., p.590.

[8] Honour, H. Ibid, p.237.

[9] Ibidem.

[10] Procopius, Ibid, p.21.

[11] Pablo Silenciario, Descriptio S. Sophiae. En Lethaby, W. y Swainson, H. The church of St. Sophia Constantinople,  Macmillan & Co. New York 1894, pp.42-52.

[12] Krautheimer, Ibíd. p.243.

[13] Honour, Ibidem.

[14] Krautheimer, Ibid, p. 247.

[15] Ostrogorsky, G. Historia del Estado Bizantino, Editorial Akal, Madrid 1984, pp.559-560.

[16] Capitel, A. “Estambul y el renacimiento otomano”, en Revista del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid #329, 2002, pp.100-105.

[17] Mihrab, “pequeño nicho que indica hacia dónde se debe orar, orientado hacia La Meca”; Mimbar, “púlpito donde el imán da los sermones”, en Cole, E. Grammatica dell’architettura, Ed. Logos, Modena 2004, p.170.

[18] Salama, A. “Hagia Sophia”, Archnet.org, Massachusetts Institute of Technology, http://archnet.org/library/sites/one-site.jsp?site_id=2966.

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