El Burlador en la cruz

 

Es tal la audacia del Gran Burlador de Sevilla que no sólo burló a toda mujer que se puso en su camino; no sólo engañó a todo hombre que se atrevió a imponerse entre él y sus diversiones, sino que además tuvo la fineza de burlarse hasta de los espectadores. Cuatrocientos años lleva ya burlándose de todo el que lo ve en un teatro y de todo el que lo lee en el estudio de su casa; porque Don Juan no murió a manos de un “convidado de piedra”; el Burlador no se fue al infierno llevado de la mano de un muerto; Don Juan está vivo. La comedia de su muerte y de la mágica aparición de Don Gonzalo hecho de piedra, sólo fue una pantomima para burlarse del mundo, escapando a su castigo y poder seguir gozando de sus engaños y sus burlas por el resto de la eternidad.

Don Juan está vivo en cada uno de los textos que prosigue sus andanzas: está vivo porque Molière le dio vida; porque Zorrilla lo creyó aún capaz de jugar contra el Destino; porque Mozart lo convirtió en una armoniosa ópera; porque entró en el cuerpo de Giacomo Casanova, donde le dio una realidad física a sus juegos teatrales. Podría seguir interminablemente con las reapariciones de este hombre mítico en el mundo de las artes, ¿cuántos en el cine no le han dado vida?

Pero los que rondan en la música, el teatro, la literatura y el cine no son importantes: Don Juan se escapó, fingiendo su muerte a manos de un hombre que él mismo había matado, para entrar en el cuerpo de todo varón lujurioso que vive sólo por el placer de gozar sin mesura de la mujer, la risa y el engaño.

Él está vivo porque lo siento vivo dentro de mí. Don Juan entró en mi pecho y, manejando mi cuerpo como una marioneta, goza del placer de seguir siendo un Burlador por siempre. No hay quién lo detenga. Siempre que existan mujeres y leyes morales, existirá Don Juan dispuesto a romperlas en cualquier momento y en cualquier lugar del mundo con una sonrisa en la cara; esa sonrisa de saber que él es el hombre que burló, burla y burlará a la sociedad entera por el resto de sus días.

“Tan largo me lo fiáis” dice el Burlador sabiendo que la sociedad le ha fiado el castigo por una eternidad. Nunca pagará por lo que hizo; nunca pagará el castigo porque no merece un castigo aquel quien burla a una sociedad inepta que no entiende el mensaje de libertad que este hombre intenta mostrarle. Ningún verdadero mal hizo Don Juan. Que la sociedad diga que es inmoral, es otra cosa; pero en realidad ningún daño hizo (aparte de matar a un hombre); él vive la vida como todos deberíamos vivirla: burlándose de esas estúpidas imposiciones que nos pone la sociedad; burlando al sagrado matrimonio; burlando a la castidad, a la ingenuidad, siguiendo los pasos del criado de nuestro héroe, Catalinón (queriendo decir ‘cagón’), quien se caga en ese mundo de la virginidad y la falsa santidad que tanto prodiga la sociedad. El Burlador no muere porque es, a su manera, un Cristo. Un predicador del deber que tienen los individuos en la tierra: el deber de romper con esa sociedad que oprime toda posibilidad de libertad; romper con los dogmas que ha puesto la iglesia y la moral de los sacerdotes; romper con la prudencia y con las vergüenzas. Todo es un gran Tabú y la labor que nos ha dejado Don Juan, nuestro gran Burlador, es la de destruirlo. Liberar al hombre de las cadenas que le han impuesto las leyes sociales.

No hay nadie más sabio que quien logra visualizar la condición humana tal y como es; no hay más sabio que quien tiene el mundo entre sus manos y lo disecciona como a un sapo, haciéndole una autopsia y comprendiendo la realidad del humano tras su máscara; la realidad detrás de lo que el ser humano dice o deja de decir; las verdaderas razones de la existencia, no las que nos ha escogido la sociedad; lo que está en las profundidades, en la naturaleza del ser, no en la malinterpretación que se ha hecho de esta. Aquel  quien siga estas simples proposiciones logrará entender que lo que nos dicen nuestros padres, nuestras religiones, nuestros credos; lo que nos grita la sociedad en la que vivimos, no es más que mentiras y tabúes que deben ser abolidos por el bien del hombre libre.

Por eso el Burlador está vivo entre nosotros; para concientizarnos de las tonterías que nos dice la gente; para cagarse en los floreros de quien dice “No debes… porque la moral lo dice”; está entre nosotros para llevarnos a la libertad, donde el hombre vive para gozar de la vida y no para sufrirla bajo la opresión de las insípidas reglas sociales que ahogan nuestros sueños de emancipación. Espero con ansiedad que llegue el día en el cual todos volaremos con las alas que nos dio Don Juan Tenorio, el Burlador, no sólo de Sevilla, sino del mundo entero.

Febrero 2008.

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s