En busca de la identidad perdida (Guerra, nación y patrimonio arqueológico en Iraq)

(En colaboración con Maria Lindmäe).

Iraq is arguably one of the best examples of a state created by colonial powers with no regard to the rights and opinions of the native people”[1]

La identidad del pueblo iraquí se inventó en 1921 con su fundación por parte del Imperio británico. Desde ese día en adelante, el país ha luchado por solucionar esa ausencia de identidad nacional. La construcción artificial de una nación por parte de los poderes coloniales ha llevado en la mayoría de los casos a la misma situación: la búsqueda de algo que no se ha perdido. Acá se intentarán exponer los diferentes intentos de creación de una identidad iraquí, la relación de esta identidad con el pasado milenario del territorio y el caos en el cual se encuentra el Estado actualmente, todo esto, de una manera u otra, influenciado por la omnipotencia de Occidente que no puede ver a un territorio en paz porque tiene que meterse a fisgonear.

Nacionalismo

Pan-arabismo

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial (1915-16), el Imperio británico conquistó el sur del Imperio otomano y tomó la decisión de unificar las antiguas provincias otomanas de Mosul, Bagdad y Basrah bajo una sola frontera: Iraq. Mientras que los otomanos, antiguos gobernadores de estos territorios, comprendieron las diferencias étnicas y religiosas de las tres regiones (Mosul, kurdos suníes; Bagdad, árabes suníes; y Basrah, árabes chiitas), manteniendo su autonomía social y cultural, los británicos pasaron por encima de las diferencias, confinándolos dentro de una sola frontera. Esta típica creación imperialista occidental de un nuevo Estado artificial, ha sido una de las causas fundamentales del conflicto constante entre las diferentes etnias dentro de un mismo territorio.

En Iraq, esta unificación ha sido la causa de incesantes problemas de cohesión social y política entre estos tres grupos étnicos. Por esta razón, los diferentes gobiernos de la historia iraquí se han dedicado a buscar la construcción de una conciencia social de nación, dentro y fuera de la frontera, para encontrar la armonía dentro del Estado artificial.

El nuevo Estado de Iraq se estableció en 1921 y el poder de gobernar fue entregado por los británicos a los árabes suníes de Bagdad. Esto generó grandes problemas sociales debido a que los árabes suníes sólo conformaban un veinte por ciento de la población iraquí, y los ideales políticos y sociales de esta minoría no concordaban con los de la mayoría de la población. El ideal político fundamental de la monarquía del rey Faysal I y de los árabes suníes, era el pan-arabismo.

El rey Faysal, basándose en modelos europeos, creía que el pueblo árabe podía y debía unificarse de la misma manera que lo había hecho Alemania o Italia. De esta manera, pensaba que era posible unir Siria, Transjordania y Palestina bajo un único Estado árabe. Pero el rey Faysal, aunque diligente y tolerante, no tenía la educación o la elocuencia necesarias para componer una ideología tan poderosa capaz de unificar al pueblo árabe. Por esta razón le entregó sus ideas a un grupo de intelectuales, quienes ya estaban apasionados por el desarrollo del pan-arabismo, para que dieran luz a su proyecto.

El más notable de estos intelectuales fue Abu-Khaldun Sati’al-Husri, mano derecha del rey Faysal, fundador de la ideología pan-arabista, y el considerado “profeta intelectual del nacionalismo árabe”. Fue nombrado Director General de Educación para el nuevo Estado iraquí y, desde esta posición, fue fundamental para la organización educativa, intelectual y científica de Iraq: él fue el encargado de componer y decidir los textos y las materias de la educación de los jóvenes iraquíes, fundamentando esta educación en la adoctrinación del pan-arabismo en la juventud.

Para Husri, había dos principios básicos para definir a una nación: una lengua común y una historia compartida. Y fue bajo estos dos principios que basó el pan-arabismo: la lengua árabe, la cual se había originado en tiempos antiguos, manteniéndose protegida de influencias exteriores; y la larga historia del pueblo árabe, la cual comenzaba antes del nacimiento del Islam, yendo hasta las antiguas comunidades semitas del cercano Oriente, a las cuales él llamaba “los árabes pre-islámicos”.

Junto a Husri, estaba en el poder ideológico de Iraq otro de los ideólogos tempranos del nacionalismo árabe: Darwish al-Miqdadi. Este, al igual que Husri, se centró en la importancia de la lengua común como punto definitorio de la nación, pero, además, expandió las fronteras de la historia árabe, elaborando la noción de un “Arab homeland[2], la cual incluía dentro del pueblo y el pasado árabe a todo el pueblo semitoparlante del antiguo cercano Oriente, incluyendo a los acadios, babilonios, asirios hasta los hicsos, los cuales serían considerados los ancestros del pueblo árabe y parte de la cultura semito-árabe.

Y como en la gran mayoría de los casos de la creación de un nacionalismo, se requería, aparte de una lengua e historia común, la “invención” de un enemigo común que animara la pasión de las masas. En este caso, el enemigo eran los arios, quienes habían oprimido y atacado al pueblo árabe desde tiempos remotos por todos los flancos. Desde el occidente, habían ido una serie de arios, desde Alejandro Magno, los griegos, hasta los británicos y franceses coetáneos, quienes había interferido constantemente en las tierras árabes. Pero, un enemigo aún peor que Occidente, eran los persas. Según Miqdadi, desde mucho tiempo atrás este grupo había amenazado, atacado y pervertido a la cultura árabe.

Estas creencias de Miqdadi, infundidas en la educación iraquí, fueron una gran influencia para las siguientes generaciones, contribuyendo fuertemente en lo que sería el futuro nacionalismo iraquí y el Ba’athismo.

Nacionalismo Iraquí

En Julio de 1958, el General ‘Abd al-Karim Qasim lideró un golpe de Estado que derrumbó a la monarquía en Iraq. El pan-arabismo y los pactos con los gobiernos occidentales habían oprimido la libertad de una gran parte del pueblo iraquí, por lo que Qasim abolió todos los tratados con el Reino Unido y Estados Unidos, alejó a Iraq de los grupos pan-arabistas, y se concentró en el valor y la libertad de su propio pueblo.

Adoptó una Constitución temporal que proclamaba la igualdad para todos los ciudadanos iraquíes, sin importar la raza, la etnia, la lengua o la religión[3]. Los presos políticos fueron liberados, y a los kurdos que habían participado en levantamientos armados se les otorgó amnistía. Además, se negó a formar parte de la República Árabe Unida, porque le habría dado absoluto control sobre los asuntos iraquíes al presidente de Egipto y fundador de la RAU, Gamal ‘Abd al-Nasir. Y, como respuesta a la amenaza pan-arabista de gran parte de los países vecinos, promovió el nacionalismo iraquí, el cual se concentraba en demarcar y diferenciar la identidad nacional de Iraq de los demás países de la región.

Pero, aunque se recuerda al gobierno de Qasim como una “era dorada” dentro de la turbulenta historia iraquí, la verdad es que fue una época de levantamientos y golpes de Estado que no cesaron durante todo su mandato. Por un lado, los kurdos se levantaron debido a las promesas no cumplidas de autonomía; y, por el otro, el partido comunista, el Ba’athismo y todos los movimientos pan-árabes, intentaron tumbarlo y asesinarlo más de una vez debido a su negación de los ideales de la Unión Árabe. En 1963, un golpe de Estado del partido Ba’ath derrocó y ejecutó a Qasim. Pero no fue hasta 1968 que este partido logró consolidarse cómodamente en el poder, luego de ser expulsados y tomar el poder dos veces en estos cinco años.

El régimen Ba’ath

La ideología del partido Ba’ath, desarrollada en los años 30 por dos académicos sirios de la Sorbonne, está estructurada bajo el mismo principio fundamental del pan-arabismo: la unidad del pueblo árabe. Basándose en ideas de Sati al-Husri y Darwish al-Miqdadi (véase Pan-arabismo), desarrollaron un movimiento político que creía que la división del pueblo árabe en una multitud de diferentes países, era parte de un complot de dominación colonialista occidental para mantener separados a los árabes, siendo incapaces de crecer a su máximo potencial.

Ba’ath significa en árabe ‘resurrección, o renacimiento’, y era esto precisamente lo que buscaba este movimiento: la unión de todo el pueblo árabe dentro de un mismo Estado, buscando la resurrección, el renacimiento de la antigua civilización árabe medieval, por medio de una drástica reforma social, cultural y política[4].

Mientras que en Siria el partido Ba’ath logró acomodarse en el poder en 1963, en Iraq fue mucho más difícil: el partido tuvo que luchar por el poder durante cinco años, hasta 1968 que logró establecerse en el gobierno. Cuando finalmente logró tomarse el poder, el conflicto étnico dentro del territorio les obligó a reformular la ideología del partido. Tuvieron que dejar el pan-arabismo a favor de un nacionalismo iraquí. El partido Ba’ath se centró en presentar a Iraq “as a distinct sociopolitical entity[5].

Este giro ideológico hacia el nacionalismo iraquí fue una respuesta a las tensiones étnicas que habían atacado al pan-arabismo en el pasado. El pan-arabismo no era una solución porque gran parte de la población no compartía los ideales pan-arabistas, por lo cual decidieron, de la misma manera que el General Qasim (a quien asesinaron con ayuda de la CIA), darle a los kurdos en el norte y a los chiitas al sur la sensación de pertenecer al territorio de Iraq para ayudar a la cohesión social.

Desde su llegada al poder en 1968, se embarcaron en una exhaustiva campaña nacionalista: comenzaron a excavar física e intelectualmente en el pasado del territorio para encontrar elementos que pudiesen desarrollar una identidad nacional que incluyese a toda la población iraquí.

Y fue Mesopotamia ese elemento vinculante, en el cual se centraron para desarrollar la identidad iraquí en busca de la cohesión social: nombres árabes modernos comenzaron a ser reemplazados por antiguos nombres mesopotámicos; se hicieron festivales consagrados a esta civilización; se desarrolló arquitectura, moda y arte inspirados en aquellos de Sumeria, Babilonia y Asiria; se revivieron las leyendas de los antiguos héroes y reyes del pasado, para relacionarlos con los líderes y nuevos héroes del presente.

Saddam Hussein y el culto a la personalidad

Sin lugar a dudas, el gran “héroe del presente” iraquí, es Saddam Hussein. Pero el hecho de que Saddam sea llamada un “héroe” no significa que sea amado por el pueblo; significa que tiene al partido Ba’ath tan firmemente bajo su control, que fácilmente puede movilizar a millones de personas para que hagan o deshagan lo que el desee.

En 1979, Saddam no sólo se tomó el poder del partido Ba’ath, sino que se tomó el poder del país y de la mente de su pueblo. En otras palabras, el nacionalismo, o la idea de nación en Iraq se convirtió en Saddam. Para él, su propio destino y el destino de Iraq eran una y única cosa. Y por medio de la opresión y el control de las masas, logró convertirse en el centro absoluto del destino de su país: la opresión es un elemento muy fuerte, pero el control de las masas por medio de la propaganda también tiene un valor muy alto, “a dictator’s audacity in appropriating the achievements of a mayor civilization to promote his cult of personality”[6]. Saddam se centró en ser relacionado directamente con los grandes reyes del pasado mesopotámico (especialmente con Nabucodonosor), reconstruyó sus ciudades, alabó sus triunfos y se mostró como el heredero directo de ese largo árbol genealógico de héroes. Fue alabado como padre, como guerrero y líder del pueblo árabe; su negación de los principios de Occidente intentando construir una civilización puramente árabe lo hizo un héroe.

La poesía iraquí le cantaba a Saddam; su cara estaba en afiches que adornaban todas las casas y las calles; y su foto siempre estaba en la primera página de todos los periódicos; la radio y la televisión lo alababan constantemente llamándolo “Padre-líder”, o “Guerrero de la Nación Árabe”. Y este culto a la personalidad estuvo apoyado por el aparato militar de opresión, el cual incluía cuatro fuerzas de policía, cuatro servicios de inteligencia; el uso de tortura, ejecuciones constantes y el encarcelamiento sin necesidad de un procesamiento legal.

El hecho no es si fue verdaderamente amado por la nación iraquí, sino que hizo lo necesario para que pareciese así. Pero, a final de cuentas, seis años después de su ejecución, los árabes suníes, quienes se habían negado a votar en las primeras elecciones democráticas en Iraq en defensa a Saddam, hoy lo hicieron.

Arqueología e Imperialismo

Arqueología en Iraq

Las excavaciones arqueológicas en el territorio hoy llamado Iraq comenzaron a mediados del siglo XIX, pero no fue hasta la fundación del Estado iraquí en 1921 que comenzaron las excavaciones organizadas y supervisadas. En los años anteriores, las excavaciones se habían hecho sin ninguna supervisión, y la población del territorio tenía poco o ningún interés en la arqueología (generalmente, fueron europeos quienes excavaron en las épocas anteriores a la fundación del país).

Gran parte del desarrollo de la arqueología iraquí se le debe al gran trabajo de Gertrude Bell, asesora de Lawrence de Arabia. El Departamento de Antigüedades fue fundado en 1922 y Bell fue encargada de dirigirlo. Ella fue una de las personas clave para la creación del museo Arqueológico de Bagdad en 1926, y fue ella quien se encargó de que se impusieran las primeras leyes para la protección de antigüedades en Iraq.

Además de Getrude Bell, se considera que Sati al-Husri (véase Pan-arabismo) fue esencial para el desarrollo y protección del patrimonio en Iraq. Él introdujo en el campo de la arqueología a la ideología del nacionalismo pan-arabista. Se lanzó una campaña propagandística alegando el robo constante del tesoro nacional por parte de los excavadores extranjeros en busca de concientizar al pueblo iraquí del valor de su pasado y de su patrimonio. Como consecuencia de esta lucha nacionalista, pasó en 1934 una nueva ley de Antigüedades, la cual impuso restricciones severas a las expediciones extranjeras en el campo de la arqueología y la exportación de artefactos antiguos.

A pesar de que los años veinte y treinta fueron muy fructíferos en el campo del estudio de Mesopotamia en Iraq, el rey Faysal evadió cuidadosamente cualquier alusión a un vínculo directo entre esa civilización del pasado y el presente pueblo iraquí, debido a las contradicciones ideológicas que podría causar. No fue hasta 1953, con la ascensión al trono del rey Faysal II, que la relación Iraq-Mesopotamia se fortaleció. Con el debilitamiento del pan-arabismo y la necesidad de una cohesión dentro de la población, se comenzó a utilizar a Mesopotamia como punto de encuentro de las diferentes etnias.

Pero no fue hasta la llegada del General Qasim al poder en 1958, que el vínculo entre Mesopotamia e Iraq se hizo casi absoluto. Qasim se influenció del ejemplo Nazi en Alemania y del comunismo de Stalin en la Unión Soviética para desarrollar su propaganda política plagada de simbolismo mesopotámico: utilizó el sol acadio del dios Shamash como escudo nacional, y tomó la estrella de la diosa del amor Ishtar como imagen central de la nueva bandera iraquí, ambos como símbolo de la relación directa entre el pasado y el presente de la tierra entre el Éufrates y el Tigris.

Con la llegada al poder del régimen ba’athista en 1968, la arqueología se vio altamente beneficiada debido a la importancia de Mesopotamia para el desarrollo de la identidad nacional. Durante las dos primeras décadas del régimen, el presupuesto para el Departamento de Antigüedades subió un ochenta por ciento; se renovaron y reconstruyeron monumentos históricos (como ejemplo de la búsqueda de grandiosidad y creación identificativa, está la reconstrucción de Babilonia, a la cual se le dedicaron muchos años, alrededor de treinta millones de dólares y la mano de obra de de un sinfín de arqueólogos, arquitectos y otros técnicos); se abrieron museos para la propagación de la cultura mesopotámica; el número de excavaciones se elevó; se impusieron nuevas leyes para la protección de antigüedades (1974) que restringieron casi absolutamente la exportación de cualquier antigüedad asociada con el patrimonio cultural de Iraq; y se hicieron grandes esfuerzos para recuperar los artefactos mesopotámicos que se exponían en los museos europeos y estadounidenses. Saddam Hussein llegó hasta el extremo de pedir la devolución de los artefactos más importantes como precondición para cualquier trato de exportación de petróleo[7].

Imperialismo colonial

Es imposible estudiar la historia de Iraq sin tener claro el papel central que tuvo el imperialismo colonial en el desarrollo de la identidad de este país, para académicos como Zainab Bahrani, es imposible separar la idea de Mesopotamia con la del colonialismo: “the discipline of Mesopotamian archaeology and its discursive practices during this time cannot be isolated from this colonialist enterprise”[8]. Ya se ha visto brevemente la relación y la búsqueda de un vínculo entre Mesopotamia e Iraq, desde los ojos de los iraquíes; ahora se analizará qué es Mesopotamia para Occidente.

Mesopotamia es parte de una construcción de la narrativa histórica occidental, como parte de lo que es considerado como “orientalismo”. Se dice que Mesopotamia y el orientalismo no son más que una creación de la narrativa occidental, porque desde un principio los europeos han estudiado al Oriente y a Mesopotamia basándose en conceptos y prejuicios occidentales, lo que formaría ideas occidentalizadas de la realidad de estos territorios.

Desde un primer momento, es decir, desde antes de haber realizado investigaciones históricas o arqueológicas sobre el tema, los intelectuales occidentales del siglo XIX ya habían predefinido a Mesopotamia como “cuna de la civilización occidental”. Y, al excavar y encontrar artefactos mesopotámicos en la tierra, en vez de estudiarlos como entes individuales y separados de Europa, se interpretaron de acuerdo con ideas y modelos preestablecidos, “Mesopotamian archaeological finds were interpreted according to a pre-established model[9].

Pero ¿cómo se podía reconciliar el hecho de que la “cuna de la civilización occidental” estuviese (geográficamente) en una provincia habitada principalmente por árabes y kurdos? En las palabras de Bahrani, “The contemporary inhabitants of this area had to be dissociated from this past[10]. Y la manera de separarlos del pasado era verlo desde el punto de vista occidental. Un ejemplo de estos modelos sería el Evolucionismo de Darwin, tergiversado para acomodarlo a las necesidades de la situación (lo mismo se hizo por toda Europa para justificar el genocidio colonial en África). Los colonizadores afirmaban que en las tierras del Medio Oriente habían existido grandiosas civilizaciones, las cuales “vivieron en un pasado esplendoroso, modificado con las conquistas musulmanas”[11]. Para los colonizadores, “Mesopotamia” era el nombre de una civilización pre-islámica de la región actualmente considerada como Iraq. Esta civilización antigua está ahora completamente muerta, y murió antes de que llegara la cultura islámica, por lo cual los habitantes y culturas actuales de ese territorio no tienen ninguna relación con esa civilización antigua. Y la única conexión que tiene Mesopotamia con la civilización actual, es por medio de los griegos y los judíos que la llevaron a Occidente antes de que falleciera, “the “torch of civilization” was passed from Mesopotamia to Europe via two “Eastern ethnicities” that are aceptable to the West: Greeks and Jews[12].

Asi se solucionaba el problema de Occidente: con la idea del progreso de la civilización y Europa como último escalón de esta evolución, lo cual no es más que un invento europeo, “The narrative of the progress of civilization was an invention of European imperialism[13].

“De esta forma se legitimaba una dominación no sólo económica y política sino también cultural”[14]; tenían el “derecho” de llevarse los monumentos y obras de arte mesopotámico a los museos de Londres, París, Berlín (British Museum, Louvre, etc.), ya que no lo consideraban como una apropiación del patrimonio histórico iraquí, sino como la recuperación del pasado de Occidente.

Guerra y destrucción

El saqueo y la exportación del patrimonio arqueológico iraquí, como se vio anteriormente, ha sido una actividad constante desde el siglo XIX. Pero, desde la Guerra del Golfo (1991) hasta el día de hoy, el robo y la destrucción han llegado a niveles verdaderamente preocupantes. Gracias a la crisis gubernamental y económica de Iraq después de la Guerra del Golfo se abrieron las puertas al saqueo impune por parte de bandas organizadas y traficantes, quienes vendían ilegalmente artefactos arqueológicos con la complicidad de instituciones internacionales, las cuales, irónicamente, tenían la labor de proteger el patrimonio[15].

Pero, aparte de las bandas organizadas de traficantes, el saqueo se puede considerar, en Iraq, como una actividad del día laboral normal de un campesino[16]. Luego de la Guerra del Golfo, arqueólogos contrataron saqueadores como ayudantes en su trabajo, pagándoles salarios gubernamentales. El sistema funcionaba mientras que los arqueólogos estuviesen en las excavaciones, pero al mismo tiempo fue una de las razones principales para la destrucción posterior: el campesino cualquiera había aprendido a excavar y conocía el valor de lo que podría encontrar.

Gracias a su trabajo como ayudantes de los arqueólogos, ahora los campesinos son saqueadores profesionales: saben perfilar las paredes de los edificios enterrados y tienen la habilidad para entrar en las habitaciones y tumbas para sacar artefactos. Tienen todas las habilidades y es una de las pocas posibilidades que tienen para hacer algún dinero, por lo que es difícil argumentar razones por las cuales no robarían; “They have been trained in how to rob the world of its past and they have been making significant profit from it. They know the value of each object and it is difficult to see why they would stop looting”[17].

Arqueólogos e investigadores preocupados por la situación del patrimonio cultural de Iraq, informaron a la UNESCO y a Interpol, en busca de ayuda para solucionar el problema, pero nunca recibieron respuesta alguna. Sin la ayuda de entidades suficientemente poderosas, los saqueos se han mantenido constantes desde 1991. La gran mayoría de los artefactos robados no han sido recuperados, y muchos de los objetos interceptados por la aduana estadounidense, en vez de retornar a Iraq, se han quedo en los museos neoyorquinos[18].

Aunque pareciese que la situación no podía estar peor que en la época posterior a la Guerra del Golfo, el caos producido por la segunda entrada de fuerzas militares estadounidenses en territorio iraquí en el 2003 ha dejado al patrimonio cultural del país casi en destrucción y pérdida absoluta. Con la llegada de la Guerra del Golfo, George Bush padre aceptó las reglas de la Convención de La Haya (1954) para la protección de propiedad cultural en el caso de conflicto armado, ateniéndose a la “lista de lugares protegidos” por tener un valor cultural. Las instituciones encargadas de velar por los derechos y la protección del patrimonio cultural esperaban lo mismo de George Bush hijo en la invasión de Iraq del 2003; pero no fue así.

Antes de la invasión en abril de 2003, Bush habló de la importancia de preservar el patrimonio de la población iraquí. Lo que la mayoría de personas no sabía era que ‘patrimonio’ para George Bush Jr., no significaba nada más que petróleo. El verdadero patrimonio iraquí fue saqueado, quemado o destruido, todo lo anterior frente a los ojos miopes de las tropas estadounidenses.

El 10 de Abril de 2003, el presidente Bush hizo referencia al valor del pueblo iraquí y de su patrimonio cultural, “the heirs of a great civilization that contributes to all humanity”[19] ; dos días más tarde, el Museo de Bagdad sería saqueado y la Biblioteca Nacional quemada, todo por la falta de compromiso de las tropas invasoras en salvaguardar el patrimonio cultural de un pueblo inocente. Incluso, luego del saqueo, los dirigentes del país invasor no sintieron ninguna culpabilidad o piedad. El Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, declaró después del saqueo: “Freedom is untidy… Free people are free to make mistakes and commit crimes”[20].

La verdad no es que la “libertad sea desordenada” (Freedom is untidy), sino que los dirigentes de las tropas en Iraq hicieron caso omiso a las listas de protección del patrimonio cultural, dejando vulnerables los lugares que debían estar siendo protegidos. En enero de 2003, unos meses antes de la invasión, un grupo de directores de museos, coleccionistas de arte, arqueólogos y profesores se reunieron con los oficiales encargados de la misión en Iraq en el Pentágono para discutir la invasión. Advirtieron explícitamente que el Museo de Bagdad era el lugar cultural más importante del país. Los oficiales respondieron asegurando que el Museo sería protegido[21]. Unos meses más tarde (marzo), la Oficina de Reconstrucción y Asistencia Humanitaria del Pentágono (ORHA), dirigida por Jay Garner, envió a todos los “US commanders” una lista con las dieciséis instituciones iraquíes que merecían protección para prevenir daños o destrucciones. En el primer lugar de la lista estaba el Banco Central de Iraq, el cual hoy en día está en ruinas (no queda ni la estructura); de segundo estaba el Museo de Bagdad, el cual fue saqueado completamente; en último lugar estaba el Ministerio de Petróleo, y fue este el único lugar de la lista que las fuerzas estadounidenses de hecho defendieron y protegieron[22]. Se dice que coleccionistas privados, con influencia en la Casa Blanca, se concentraron en persuadir al Pentágono para que relajara la legislación que protege al patrimonio iraquí, sugiriendo que, abriendo el comercio privado del patrimonio iraquí, se le ofrecería a este una seguridad mayor que si se quedaba en Iraq[23]. Aunque legalmente no consiguieron la legislación, el caos absoluto del país seguramente les permitió hacerse con los artefactos que esperaban obtener.

En el transcurso de cuatro días desde la llegada de las tropas estadounidenses a territorio iraquí (del 11 al 14 de abril de 2003), el Museo de Bagdad fue saqueado y se incineró la Biblioteca Nacional, la Biblioteca del Korán y el Ministerio de Asuntos Religiosos. Del museo no se tienen listas precisas de qué se perdió, qué fue robado, y qué destruido, debido a la pérdida o quema (también) de los archivos que registraban los artefactos.

Se deduce que hubo dos clases de saqueadores: por un lado, la masa de la gente (criminales comunes), quienes toman ventaja de cualquier posibilidad de robo, y roban cualquier cosa; y los grupos de crimen organizado, conectados con el tráfico ilegal, los cuales tenían un plan de acción bien demarcado, sabían qué objetos precisos debían robar y la conciencia de destruir los documentos de registro para no poder ser perseguidos después.

Pero estas no son las únicas destrucciones y saqueos: aparte de los anteriores, causados por la invasión pero no directa y físicamente robados o destruidos por las tropas, se añade la destrucción y robo directamente causados por las tropas invasoras. Los dos casos más graves son los de Babilonia y Ur. En el caso de Babilonia, las fuerzas militares polacas y estadounidenses construyeron una estación militar en esta ciudad milenaria. Aplanaron alrededor de cien mil metros cuadrados de tierra para aparcar vehículos militares en un terreno junto al teatro griego construido en la época de Alejandro Magno; construyeron un helipuerto en el corazón de la antigua ciudad; se ha sacado aleatoriamente tierra del suelo en grandes cantidades para construir fortificaciones, por lo que artefactos arqueológicos antes hundidos bajo tierra, ahora sirven de barreras para defender a los soldados de posibles ataques. Además, el movimiento de tierras generado por la llegada de helicópteros y el movimiento vehicular ha comenzado a agrietar las paredes de la ciudad sagrada.

En Ur la situación no es mucho mejor. Las fuerzas estadounidenses construyeron la base aérea de Tallil, junto a Ur, en octubre de 2003. Esto ha dejado completamente arruinada toda la zona para cualquier posibilidad de turismo o investigación arqueológica posterior. Además, los “marines” pintaron los muros del milenario zigurat de Ur con el lema “Sempre Fi” (Sempre Fidelis) de las tropas estadounidenses y en las inspecciones aleatorias se han encontrado trozos del edificio robados por los soldados.

Hoy en día, siete años después de la invasión, Iraq ha quedado en un estado de caos y destrucción deplorable, casi sin ningún patrimonio arqueológico para mostrar.

Conclusión

Aunque sería agradable cerrar con un mensaje positivista, la realidad difiere mucho. El hecho es que el patrimonio y la identidad del pueblo iraquí están en crisis. Gran parte del patrimonio arqueológico ha sido robado o destruido, por lo que queda muy poco para mostrar y muy poca posibilidad de que se recuperen los artefactos perdidos. Por el otro lado, hay una guerra civil de todos contra todos que se ha desarrollado desde la fundación, esto se debe a que no ha existido una cohesión social derivada de una identificación con el prójimo que les permita vivir en armonía. La identidad del pueblo iraquí nacía, se desarrollaba, se modificaba y moría con cada uno de los regímenes. Nunca hubo una verdadera creencia en la unidad iraquí porque los siglos de conflicto étnico y religioso son superiores a la propaganda política de hermandad. Hoy en día, Estados Unidos propone la democracia como solución para la crisis iraquí; otros proponen la repartición del territorio en sus antiguas provincias étnicas.

Cualquier cosa puede suceder; mañana se sabrá.

Bibliografía

Aparte de los textos citados, se adjunta una lista con los textos consultados que aportaron información para el trabajo.

– BOGDANOS, M., “Fighting for Iraq’s culture”, en “New York Times”, March 6, 2007, New York.

– FISHER, M., RIDERS, T., en The Guardian, 19 de enero de 2006.

– GUZMÁN RAMOS, A., “Conflictos bélicos, destrucción del patrimonio cultural y dominación del imperialismo capitalista”, 2002, en Web Islam, http://www.webislam.com/?idt=960.

– JOHNSON, C., “The Past Destroyed: Five Years Later”, en The World According to Tomdispatch: America and the Age of Empire editado por Tom Engelhardt, Verso Books, London 2008.

– POST, J. M., “Explaining Saddam Hussein: a Psychological Profile” presented to the House Armed Services Committee, December 1990.

– RODRÍGUEZ TEMIÑO, I., “La arqueología herida” en http://www.freewebs.com/lazaranda/articulos/La_arqueologia_herida.pdf.

– ROUX, G., Mesopotamia. Historia política, económica y cultural, Editorial Akal, Madrid 1987, “Capítulo 2. Hacia el descubrimiento del pasado”.

– URUEÑA ÁLVAREZ, R., “La protección del patrimonio cultural en tiempo de guerra y de paz”, en Cuadernos de Estudios Empresariales, número 14, Editorial Universidad Complutense de Madrid, Madrid 2004, pp.245-260.


[1] Abdi, K, “From Pan-arabism to Saddam Hussein’s cult of personality: Ancient Mesopotamia and Iraqi national ideology”, Journal of Social Archaeology 8, 3, Sage Publications, 2008, p. 8.

[2] Op. Cit., p.11.

[3] Op. Cit. p.12.

[4] Op. Cit. p.13.

[5] Op. Cit. p.14.

[6] Op. Cit. p.22

[7] Baram, A., “A Case of Imported Identity: The Modernizing Secular Ruling Elites of Iraq and the Concept of Mesopotamian-Inspired Territorial Nationalism, 1922-1992”, de Poetics Today, vol. 15, #2, 1994, sacado de URL, http://www.jstor.org/stable/1773167.

[8] Bahrani, Z., “Conjuring Mesopotamia: imaginative geography and a world past”, en Archaeology Under Fire. Nationalism, politics and heritage in the Eastern Mediterranean and Middle East”, editado por Lynn Meskell, Taylor & Francis e-Library, 2002, p.160.

[9] Op. Cit. p162.

[10] Op. Cit. p.163.

[11]Simonetta, L. C., “El saqueo del patrimonio cultural iraquí”, 2007, en Web Islam, http://www.webislam.com/?idt=6728, p.3.

[12] Bahrani, Z., Op. Cit. p.166.

[13] Op. Cit. p.171.

[14] Simonetta, L. C., Op. Cit. p.2.

[15] Córdoba, J M., “On the Iraq Museum and other assaults. Brief news about the plundering of Iraqi museums and the systematic looting of Iraqi archaeological heritage”, en “Revista Isimu” Número 3, UAM Ediciones, Madrid 2000, p.17.

[16] Fisk, R., “It is the death of history”, Monday, 17 September 2007, Independent.co.uk.

[17] Op. Cit.

[18] Córdoba, J. M, Op. Cit. p.17.

[19] Emisión de “Towards Freedom TV”, 10 de Abril de 2003. Tomado de Johnson, C., “Robbing the Cradle of Civilization”, en Nemesis: The Last Days of the American Republic, Metropolitan Books, New York 2007, en http://www.religion-online.org/showarticle.asp?title=3385.

[20] En Scheer, R., “It’s U.S. Policy that’s Untidy”, Los Angeles Times, 15 de abril de 2003. Tomado de Johnson, C., Op. Cit.

[21] Op. Cit.

[22] Op. Cit.

[23] Op. Cit.

One thought on “En busca de la identidad perdida (Guerra, nación y patrimonio arqueológico en Iraq)

  1. Todo lo expuesto es dolorosamente cierto. Sin embargo, quisiera hacer notar que los elementos arqueològicos conservados en el British Museum (y supongo en el Louvre y otros principales museos arqueològicos europeos) estàn a salvo y bien cuidados. No sucediò asì durante las invasiones otomanas en Medio Oriente, o en Grecia cuando el Partenòn fue usado por los turcos como polvorìn. La poblaciòn àrabe, salvo excepciones, no tiene gran respeto por la arqueologìa y lo ha demostrado a travès de la historia. Los sectores ortodoxos tienden a destruir la representaciòn humana, veamos lo que sucediò con los Budas de Bamiyan. La polìtica europea es tan repugnante como todos los intereses polìticos del mundo, pero han sido los pueblos europeos y sus descendientes y seguidores los ùnicos interesados en preservar la historia antigua para la posteridad.

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