Sant’Andrea de Mantua – Leon Battista Alberti

Fachada de Sant’Andrea

La arquitectura de Leon Battista Alberti es un reflejo muy preciso de los ideales artísticos y filosóficos de su época. En su obra teórica y práctica se puede percibir claramente la latencia humanista que marcó a su época. Para lograr este fin, se centró en el estudio minucioso del arte clásico buscando en las ruinas del pasado, el esplendor del presente. Sus diseños giran en torno a lo humano, con las necesidades del hombre como su máxima preocupación. Por esta razón le da tanto valor a la arquitectura; porque es el arte más íntimamente relacionado con las verdaderas necesidades de la sociedad.

Fue un estudioso ferviente del arte clásico. Tenía un conocimiento muy profundo de la filosofía y arquitectura grecorromana, y aplicó sus estudios arqueológicos a sus diseños arquitectónicos con una precisión científica. Este regreso a las formas arquitectónicas romanas se debe a que estas servían como representantes del intermedio necesario entre razón humana y catolicismo en el humanismo, lo cual iba de la mano con sus percepciones  religiosas, las cuales unían elementos de la filosofía clásica y pagana con los dogmas cristianos.

Para Alberti es muy importante la armoniosa integración de todos los elementos de la estructura, buscando la correspondencia entre todas las partes de la construcción. La belleza se basa en el acuerdo de cada uno de los elementos del edifico completo; debe haber una perfecta correspondencia entre todas las partes, de modo que nada pueda ser añadido, cambiado o eliminado en la construcción. Por esta razón, los materiales o todas las fases de la construcción física del edificio son inferiores en importancia al diseño per se; la composición armónica, unificada y bien jerarquizada lo es todo para que un edificio sea perfecto.

Historia tras la iglesia y su patronazgo

La basílica de Sant’Andrea en Mantua fue reedificada bajo el patronazgo del gobernante de la ciudad, Ludovico Gonzaga. La motivación principal que llevó a Ludovico a trabajar en Sant’Andrea fue la idea de hacerse cargo del monasterio y de sus rentas que en el momento estaban bajo el poder de la orden de los benedictinos. Claramente, el abad benedictino se negó a las propuestas de Ludovico. Por lo que este tuvo que esperar hasta la muerte del abad del monasterio en 1470 para poder comenzar su proyecto. El papa Sixto IV también se opuso en un primer momento, por lo cual Ludovico recurrió a la ayuda de su hijo el cardenal Francesco Gonzaga, quien se encargó de presionar al papa para que le diera los permisos y refundara el monasterio a una colegiata bajo la autoridad del mismo cardenal.

Ludovico le encargó a Alberti la labor de reedificar Sant’Andrea y su principal intención fue de disponer de un espacio amplio desde el cual una gran multitud pudiese contemplar la reliquia de Mantua (la Sangre de Cristo). Hay bastante testimonio epistolar entre Ludovico Gonzaga y Alberti, el cual muestra las ideas de Ludovico y los cambios y adaptaciones de Alberti. El diseño de Sant’Andrea fue uno de los últimos que hizo Alberti, quien murió en 1472, sólo dos meses después de que comenzaran a construir la basílica.

Se considera a Sant’Andrea de Mantua como el punto más alto de lo que debe ser la organización espacial de una iglesia en cruz latina. Este diseño de Alberti dominaría la organización espacial de las iglesias durante varios siglos. Alberti ideó una iglesia con gran capacidad para que grandes multitudes pudiesen ver la Sangre de Cristo, y por un precio incluso menor al que esperaba Ludovico Gonzaga. Debido a la escasez monetaria y a la ausencia de piedra en la zona de Mantua, siendo muy alto el costo de transportarla, la basílica fue construida en ladrillo quemado in-situ para reducir costos.

Arquitectura

La fachada de Sant’Andrea, al igual que el Templo de Rímini, está basada en la estructura y organización de los arcos del triunfo romanos. Pero el gran valor no yace en la replicación y aplicación de la estructura de un arco triunfal en una iglesia, sino en el hecho de haberla adaptado para las necesidades específicas de Sant’Andrea. Una de las bases de la arquitectura de Alberti, era la de encontrar la armonía entre los ejes de la construcción unificando las diferentes partes. En el caso de Sant’Andrea, la fachada y el cuerpo de la iglesia están unificados gracias a la prefiguración de la bóveda de la nave central en el gran arco de la fachada. Alberti logra, de esta manera, una transición natural desde el exterior al interior de la iglesia. Esta armonía no está sólo en la correspondencia del arco y la nave, sino también en los accesos laterales, los cuales corresponden proporcionalmente a la estructura de los laterales del cuerpo de la iglesia.

Nave central

Alberti luchó bastante contra la incoherencia entre columnas y arcos en la arquitectura mural, razón por la cual en San Sebastiano y en Sant’Andrea, en vez  de utilizar columnas como sostén de los arcos, utilizó pilastras, las cuales eran la solución lógica a la unión entre arquitectura clásica y la arquitectura mural contemporánea. Esta es una solución puramente romana que busca la cohesión y unidad del muro. De esta forma, cerró la fachada con un orden corintio de pilastras pareadas de grandísimo tamaño, las cuales abarcan toda la altura del arco y soportan, en la parte superior, un frontón triangular.

Siguiendo la necesidad de un amplio espacio para que los visitantes pudiesen ver la reliquia de Mantua, en el interior de la iglesia Alberti creó un gran espacio de una sola nave, cubierto por bóveda de cañón con casetones. Esta solución proporcionaba una excelente visibilidad hacia el altar y a la Sangre de Cristo. Para el sostén de la gran bóveda central utilizó grandes pilares (siguiendo el ejemplo romano) entre los cuales situó tres capillas laterales a cada lado de la nave. Este modelo de tres ábsides parece haber sido adaptado desde la estructura de la Basílica de Majencio en Roma, modelo que sigue el ideal de unidad y armonía, unificando el exterior e interior de la iglesia al utilizar la misma estructura de arcos y pilares para las capillas laterales, reproduciendo el modelo de la fachada en tamaño y forma.

Bibliografía

– Blunt, A.  “Capítulo I: Alberti” en “La teoría de las artes en Italia (de 1450 a 1600)”, Madrid, Cátedra 1999.
– Kauffmann, “Capítulos VII y VII” en “Renacimiento y Barroco”.
– Paoletti, J. y Radke, G., “Mantua” en “El arte en la Italia del Renacimiento”, Akal, Madrid 2002.
– Wittkover, R., “La interpretación albertiana de la Antigüedad en la arquitectura”, en “Los fundamentos de la arquitectura en la edad del humanismo”, Alianza, Madrid 1973.

Capillas laterales

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