Cervantes: el hombre tras sus prólogos

Miguel de Cervantes: el hombre tras sus prólogos

Una característica fundamental del prólogo es su independencia y relativa libertad temática con respecto a la obra. Esto tiene una importancia resaltable ya que esta independencia le  permite al autor relacionarse con el lector de una manera diferente, quizás más directa y abiertamente. El novelista en el prólogo no necesita fingir; no está obligado a extender la pantomima del resto de la obra. Es como una conversación en privado entre el autor y sus lectores (a pesar de que es igual de pública al texto que la prosigue). Así, entonces, el autor baja sus defensas, quizás sin cerciorarse de que lo está haciendo, y abre una ventana hacia su verdadero ser.

El filólogo Cuellar Valencia propone que Cervantes crea “una verdadera atmósfera de ficcionalidad” [1] en sus prólogos. Puede que esto sea cierto, pero en un sentido diferente al que le da Cuellar: no como ficción que se declara ficticia (el público es consciente de que es una farsa); sino como ficción que aparenta ser verdad. El lector cree que el autor le está abriendo honestamente las puertas de su casa para que conozca su interior, cuando es muy posible que esto no sea más que un escenario construído por el autor para que el público lo vea de la manera que él quiere ser visto.

Cervantes tiene claro que el prólogo puede ser utilizado como maquillaje y que esto podría tener un efecto positivo en su imagen. Por esta razón, utilizará todos los recursos retóricos de la captatio benevolentiae para atraer a su público. Pero el maquillaje no puede esconder las arrugas por completo: al mirarlo detenidamente, se puede ver al ser humano disimulado bajo una capa de genialidad.

La herramienta más evidente que utiliza Cervantes en su retórica prologal, es la excusatio propter infirmitatem, comúnmente llamada “falsa modestia”: esta tiene el objetivo de estrechar los lazos entre el autor y el lector, fingiendo el primero inseguridad o humildad al dirigirse a su público para atraer su beneplácito. El prólogo al Quijote de 1605 parece ser un monumento a este recurso, declarando de principio a fin su falta de ingenio y la llaneza de la obra que presenta: “¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío…”[2]; “una leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo…”[3], son algunos de los ejemplos. En los prólogos a las Novelas Ejemplares[4] y a su Persiles[5], introduce la modestia por medio de una anécdota, excusando y negando los elogios que le hace un amigo en la primera y un desconocido en la segunda. En sus Entremeses llega incluso a excusarse por no ser modesto en su prólogo: “suplicarte me perdones si vieres que en este prólogo salgo algún tanto de mi acostumbrada modestia”[6]; muestra modestia al confesar que no la mostrará.

Este no es el único recurso retórico que utiliza Cervantes en sus prólogos. Otra herramienta que ha encontrado muy útil es la creación de un personaje ficticio disfrazado de “amigo alentador” que dice todo lo que sería inoportuno para el propio autor decir. Es la manera en la que puede mantener el disfraz de modesto y a la vez elogiarse a sí mismo. En el Quijote de 1605, pone en boca del “amigo” todas las burlas y argumentaciones del prólogo, limpiándose la responsabilidad ante cualquier ofensa o crítica. En las Novelas Ejemplares y en su Persiles, como se indicó anteriormente, se da el lujo de elogiarse y mantenerse modesto a la vez, gracias a este recurso.

Pero no todo es retórica y modestia en los prólogos de Cervantes: mirando detalladamente se puede ver al humano bajo el maquillaje. Américo Castro afirma, con razón, que “The writings in which Cervantes refers to himself or his work usually show a self-assertion bordering on arrogance[7]. Tras la capa de “humildad”, Cervantes es un hombre sumamente orgulloso: en el prólogo a las Novelas Ejemplares, por ejemplo, se jacta de ser el primero en novelar en castellano y se compara con el escritor griego Heliodoro. Pero es en el prólogo de los Entremeses donde se puede ver al Cervantes más orgulloso y dolido: en 1615 nadie quería representar sus obras de teatro y Lope de Vega estaba acaparando toda la atención literaria, por lo que Cervantes sentía que debía demostrar su valía, exagerando sus magros logros en el teatro español, al aludir a que “él había llevado a cabo la reforma teatral absolutamente solo”[8]; el sentimiento de inferioridad lo llevaba a hiperbolizar su posición.

Cuellar Valencia se niega a aceptar que Cervantes pudiese rebajarse al autoelogio y, debatiendo la posición de Martínez Torrejo arriba enunciada, afirma que no es Cervantes quien habla en el prólogo de los Entremeses, sino el “autor-personaje”[9]. Cuando se mira a alguien como a un semidiós y no como a un ser humano, es imposible tener una visión objetiva de la persona: Cervantes puede haber sido un genio literario, pero eso no excluye que haya sido una persona de carne y hueso con orgullo y sentimientos.

Otro buen ejemplo del Cervantes “humano”, se encuentra en el prólogo al Quijote de 1615[10]. La publicación del Quijote apócrifo de Avellaneda un año antes le obligó a desasirse de su falsa modestia para defender su obra, su personaje y a sí mismo. A pesar de que lo hace con prudencia y recato, no se puede dudar de que hay un hombre irritado y ofendido con la pluma en la mano. El simple hecho de afirmar en el primer párrafo del prólogo que no está encolerizado con Avellaneda para luego dedicar el prólogo entero a responderle a sus ofensas es un ejemplo bastante claro de un viejo orgulloso y ofendido.

A pesar de que es redundante afirmar que Cervantes fue un ser humano como cualquier otro, la mayoría de los académicos cervantinos parecen estar obnubilados por su genialidad, no atreviéndose a mirarlo como tal. Interpretan sus textos prejuzgando que han sido escritos por un genio: todo lo definen como “ironía”, “ingenio” o “realidad literaria” (es increíble la cantidad de veces que se encuentran estas palabras en los análisis de la obra cervantina) y pocos se atreven a pensar que detrás del genio (este texto no tiene la intención de negar la genialidad de Cervantes) hay un ser humano que siente, sufre, se irrita y tiene orgullo como cualquier otro. Es un hecho que en sus obras se puede encontrar a Cervantes el genio; pero, en sus prólogos, no se puede dudar la presencia de Cervantes el ser humano.

Bibliografía

– Castro, A., “The Prefaces to Don Quixote” en Philological Quarterly, 21, 1942, pp. 65-96.

– Cervantes, M., Don Quijote de la Mancha I (1605), Ediciones Cátedra, Madrid 2001.

– Cervantes, M., Novelas Ejemplares (1613), Centro de Estudios Cervantinos, Madrid 1997, en http://cervantes.uah.es/ejemplares/prelimin.htm. Tomado el 12 de marzo de 2013.

– Cervantes, M., Don Quijote de la Mancha II (1615), Ediciones Cátedra, Madrid 2001.

– Cervantes, M., Ocho comedias y ocho entremeses nuevos (1615), Centro de Estudios Cervantinos, Madrid 1997, en http://cervantes.uah.es/teatro/ochocome/Ochocomepre.html. Tomado el 12 de marzo de 2013.

– Cervantes, M., Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), Centro de Estudios Cervantinos, Madrid 1997, en http://cervantes.uah.es/Persiles/persilpre.htm. Tomado el 12 de marzo de 2013.

– Cuellar Valencia, R., “Consideraciones en torno a los prólogos de Miguel de Cervantes” en Literatura: teoría, historia, crítica, 7, 2005, pp. 159-186.

– Martínez Torrejón, J. M., “Creación artística en los prólogos de Cervantes” en Anales cervantinos, 23, 1985, pp. 161-193.


[1] Cuellar Valencia, R., “Consideraciones en torno a los prólogos de Miguel de Cervantes”, Literatura: teoría, historia, crítica, 7, 2005, p. 161.

[2] Cervantes, M., Don Quijote de la Mancha I (1605), Ediciones Cátedra, Madrid 2001, p. 79.

[3] Ibid. p. 80.

[4] Cervantes, M., Novelas Ejemplares (1613), Centro de Estudios Cervantinos, Madrid 1997, en

http://cervantes.uah.es/ejemplares/prelimin.htm. Tomado el 12 de marzo de 2013.

[5] Cervantes, M., Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), Centro de Estudios Cervantinos, Madrid 1997, en

http://cervantes.uah.es/Persiles/persilpre.htm. Tomado el 12 de marzo de 2013.

[6] Cervantes, M., Ocho comedias y ocho entremeses nuevos (1615), Centro de Estudios Cervantinos, Madrid 1997, en http://cervantes.uah.es/teatro/ochocome/Ochocomepre.html. Tomado el 12 de marzo de 2013.

[7] Castro, A., “The Prefaces to Don Quixote” en Philological Quarterly, 21, 1942, p. 65.

[8] Martínez Torrejo, J. M. “Creación artística en los prólogos de Cervantes”, Anales cervantinos, 23, 1985, p. 184.

[9] Cuellar Valencia, Ibid., p. 180.

[10] Cervantes, M., Don Quijote de la Mancha (1615), Ediciones Cátedra, Madrid 2001, pp. 23-28.

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