Parc Diagonal Mar

(En colaboración con Laia Capdet y Guillem González).

 

 

 

 

Introducción

El parque de Diagonal Mar es uno de los lugares de más reciente creación en Barcelona (2002), además de ser uno de los proyectos que más controversia ha generado. Por un lado, el arquitecto que lo planeó, Enric Miralles, recibió varios premios y elogios por su diseño; pero, por el otro, también varias críticas desde diversos sectores. Por este motivo lo hemos elegido como centro de nuestro trabajo.

Para tratar de acercarnos al lugar estudiado con la mayor precisión posible, nos hemos aproximado desde varios puntos de vista. Primero, visitamos el parque y sus inmediaciones para tratar de hacernos una idea de cómo era la vida, no solo en el lugar de estudio, sino también en la zona donde probablemente vivía la gente que lo utilizaba. Segundo, entrevistamos a varios de los usuarios del parque; desde los más puntuales al personal de mantenimiento. Finalmente, leímos varios artículos que trataban sobre el parque[1], pero también sobre la importancia del lugar en las ciudades actuales[2].

De este modo, conjugando la información obtenida, hemos tratado de obtener una visión lo más objetiva posible sobre el parque de Diagonal Mar y su relación con los procesos globalizadores actuales. El resultado de este estudio es una breve presentación audiovisual (fotografía, vídeo y audio) que tratará de exponer las conclusiones a las que llegamos. Además, este texto ilustrará el proceso de realización de dicho material.

Descripción formal del parque

El parque de Diagonal Mar es el segundo más extenso de Barcelona. Está situado cerca del centro comercial del mismo nombre, en el extremo más oriental de la Diagonal. Limita al norte con la calle Llull, al sur con la calle Garcia Fària, al este con la calle Josep Pla, al oeste con la calle Selva de Mar y es atravesado por el Passeig del Taulat[3].

Se trata de un parque con espacios abiertos que trata de combinar la ciudad con el mar y la vegetación. Está dividido en cinco partes diferenciadas, separadas por el Passeig del Taulat o por islas de inmuebles, con distintas funciones. La mayoría de ellas están valladas, y su horario de apertura es de 10 de la mañana hasta el anochecer. Los patios de entrada están decorados tratando de imitar el patio de una casa, mientras que a lo largo del parque se van repitiendo las esculturas metálicas que —según el arquitecto— evocan, junto a los largos bancos de cemento, las olas del mar. Otro elemento importante es el lago artificial de más de una hectárea que divide en dos la parte más grande del parque, la norte. Es cruzado por un puente que une estas dos partes, recorridas por un sinfín de caminos que une las zonas de césped —cuya mayoría no se puede pisar— con las zonas de recreo para los más jóvenes —parque infantil y zona de toboganes—, las pistas de petanca, la zona deportiva —pista de baloncesto y fútbol, mesas de ping-pong— y la zona para perros.

Finalmente, la sostenibilidad es un aspecto muy importante del parque, ya que no solo se eligieron especies que se aclimataran bien a Barcelona, sino que el riego de estas se sirve de las aguas pluviales y de las freáticas (no hay que olvidar que, debido a la cercanía de la desembocadura del río Besòs, antiguamente esta zona era húmeda y pantanosa).

Un parque con historia

Para entender el papel que juega la remodelación de la zona, tenemos que echar un vistazo al pasado. El barrio del Poblenou perteneció a Sant Martí de Provençals hasta 1897, año en que se anexionó a Barcelona. Antes del siglo XVIII la vida allí era exclusivamente agraria, pero, gracias a la llegada de la Revolución Industrial durante el primer tercio del siglo XIX y a las buenas condiciones de la zona (abundancia de agua, terrenos y alimentos baratos y proximidad con Barcelona), la economía y la densidad de población cambiaron. En un principio, se instalaron fábricas de tejidos —llamadas de indianas—, de estampación, de tintorería e industrias del agua. Más tarde se añadieron fábricas de alimentación, industrias químicas, de fundición o metalúrgicas.

El gran crecimiento fabril —sobre todo a partir de 1870, cuando desaparece la Ciutadella militar— supuso una concentración de viviendas en el sur de Sant Martí, denominado Taulat o “Pueblo Nuevo”. En este nuevo barrio convivían obreros, comerciantes, empleados calificados, propietarios y pequeños y grandes industriales (estos dos últimos concentrados en la Rambla del Poblenou, el núcleo del barrio). El barrio estaba subdividido en ocho barriadas con personalidad propia: la Llacuna, el Taulat, la Plata, Trullàs, la França Xica, el Darrera el Cementiri, Pequín y Somorrostro (las dos últimas, de barracas). En general, los edificios eran humildes y estaban mal construidos. Las condiciones de vida eran deficientes en cuanto a higiene y calidad de vida: había pozos negros, las chimeneas echaban mucho humo, faltaba luz artificial… Por eso era fácil que  las epidemias se propagasen.

Un aspecto positivo de la gran concentración obrera fue que esta fomentó el cooperativismo entre vecinos. Por ejemplo, en consumo: las cooperativas ofrecían precios más baratos. Otra característica de esta agrupación fue el carácter republicano, sindicalista y anarquista que tenía el barrio, que participó activamente en la Setmana Tràgica de 1909 o en las huelgas y atentados de los años 20. Esta faceta no les favoreció durante la Guerra Civil, como tampoco les favoreció el hecho de que fuera una zona de industria de guerra. Por eso los bombardeos fueron frecuentes.

Los años de la Posguerra no fueron mucho mejores: la represión era dura y la escasez de alimentos (durante los años 40 y 50) marcó una época. Aún así, existía la clandestinidad. Tras la caída económica de finales de los 50, muchas grandes industrias cerraron y aparecieron pequeños talleres y obradores textiles. La estabilidad llegó durante los años 60, mientras que en los 70 la crisis del sector textil perjudicó estas empresas y las que las siguieron. A partir de aquí se respiraron los aires de remodelación y mejor comunicación con el centro de Barcelona: en el año 1977 la línea de metro llegó al Poblenou y en los años 90 el ayuntamiento aprobó la apertura de la Diagonal (desde las Glòries hasta el Besòs), siguiendo el trazado que ya había marcado Cerdà.

Diagonal Mar: un paisaje banal

Como se puede ver claramente en la evolución del espacio utilizado para el parque y el barrio de Diagonal Mar, se ha producido una “gentrificación” de la zona. Se ha reutilizado un espacio anteriormente industrial, en desuso, con poca producción y consumo, para convertirlo en un centro tematizado hacia el ocio y el consumo. Se ha creado una isla vallada no solo por las barreras físicas del parque, sino también por la exclusividad de las nuevas residencias, los altos precios de los restaurantes y cafés, y la imposición del consumismo en una zona muy tradicional donde la población aún hace sus compras en tiendas pequeñas y a precios más ajustados. Esto ha generado una segregación social[4] entre la vieja comunidad aledaña al parque de La Mina y Poblenou, y el nuevo grupo social que se ha establecido en el nuevo barrio, Diagonal Mar.

Los vecinos de la zona occidental de la Avinguda Diagonal se mantienen en su propio territorio, donde conocen a los vecinos, donde los precios son más bajos y donde no sienten la presión elitista de la zona oriental de la avenida, dominada por Diagonal Mar. Hay una segregación que va más allá de la imponente Diagonal entre ellos; es la sensación de que aquél territorio más cercano a la playa no les pertenece, no hace parte de sus vidas y de sus tradiciones. Se ha regenerado un espacio muy tradicional de la ciudad, no solo para darle vida, sino en busca de generar consumo a gran escala, girándolo de lo social, hacia lo económico. El Centro Comercial Diagonal Mar, los grandes rascacielos de altos precios y los elegantes hoteles le han dado al espacio un estatus “high class” que antes no tenía.

Pero, entonces, ¿cómo puede funcionar este proyecto que hace caso omiso a la realidad de la zona?[5] Funciona porque no ha sido creado para el uso de la comunidad que ya vive ahí, sino para una nueva comunidad formada, por un lado, por los nuevos inquilinos de los rascacielos con grandes chequeras y tarjetas de crédito platino; y para la comunidad transitoria de turistas y consumistas que van y dejan su dinero pero no habitan el espacio. Esta nueva comunidad llega gracias a la creación de un paisaje común, es decir,  una serie de no-lugares que homogenizan el paisaje (antes industrial y periférico), hacia un tipo de espacio fácil de digerir y de consumir, debido a que es relacionable con cualquier otro parque construido actualmente en el mundo (frío, silencioso y desocupado); a este, se le añaden algunos detalles de historia local para darle al parque una supuesta identidad propia que le permita ubicarse en un punto preciso del mapa diferenciándose de cualquier otro parque del planeta, como la torre de agua (único vestigio del pasado industrial en la zona), los jarrones estilo Gaudí (“brandificados” con decoraciones consumistas), o las palmeras y olivos que intentan dejar en el parque un pequeño y fácilmente digerible toque de Barcelona, de modernismo catalán y de mar Mediterráneo sin que sea demasiado pesado para los estómagos suaves y delicados de los visitantes.

Resumen del trabajo de campo

Primeramente, entrevistamos brevemente a distintos usuarios del parque, sin preocuparnos cuál podía ser el uso que le daban. En total fueron veinte personas. La mayoría de ellos de la tercera edad o con una familia ya formada, pero también gente más joven que trabajaba o vivía cerca. En general, la opinión del parque era positiva, y utilizaban las instalaciones para pasear, jugar en las instalaciones deportivas, llevar a los niños o simplemente pasar el rato. Las pocas críticas eran sobre todo por los perros que andan por el parque cuando tienen una zona reservada para ellos, por la poca gente que solía utilizar el parque y por los pocos árboles que hay, habiendo muy pocas zonas de sombra en verano.

En cambio, los dos trabajadores municipales que se encargaban, respectivamente, del mantenimiento general y de la jardinería tenían dos opiniones opuestas. El primero, uno de los encargados de mantenimiento, se quejaba de que el parque estuviera muy poco enfocado a los usuarios finales. En general, no le parecía lógico que las zonas verdes no se pudieran pisar ni que hubiera solo una fuente de agua potable; también se quejaba de la suciedad, es decir, de lo poco que se invertía en mantenimiento y limpieza, y de que hubiera tantas zonas desaprovechadas con agua, perdiendo espacio utilizable y apareciendo muchos mosquitos en verano. En cambio, la segunda, una jardinera, estaba satisfecha tanto con el ambiente del parque como con la variedad vegetal de la zona, que le parecía uno de sus mayores atractivos.

También logramos entrevistar más extensamente a un vecino[6] de la zona que reside en el barrio desde el periodo industrial, y que, de hecho, trabajó en la fábrica que había donde se ubica el parque, MACOSA. Nos proporcionó, además, fascículos sobre la historia del barrio y fotografías del proceso de demolición de las fábricas y antiguos edificios, y de construcción del parque y de las nuevas residencias (entre las que se encontraba la suya). Nos explicó que, tras la decisión de que las Olimpiadas de 1992 se celebrarían en Barcelona, empezó el proceso de limpieza de las playas, que habían sido utilizadas desde hacía muchos años casi como vertedero (sobre todo, según él, durante el periodo del alcalde Josep Maria de Porcioles, del 1957 al 1973).

Los vecinos cuyas viviendas fueron derruidas fueron reubicados por el Ayuntamiento. El vecino entrevistado se trasladó a su nueva vivienda, en la misma calle Llull, en el 2005, con un poco de retraso. Sin embargo, no tenía demasiadas quejas sobre el proceso. Nos indicó también que el edificio donde vive, que tiene doce plantas y aloja mayoritariamente a antiguos vecinos de la zona, tenía que ser de solo cuatro plantas y más alargado, pero el arquitecto encargado del proyecto cambió finalmente de opinión. Los únicos problemas del proceso fueron de convivencia: hubo algún intento de ocupación de pisos ya desalojados y un campamento marginal que se instaló entre las ruinas de un edificio. También protestó un grupo de vecinos porque un rascacielos iba a ser construido frente a su edificio, consiguiendo, al final, que no se edificara.

Conclusión

Habiendo examinado el parque en sí, los artículos sobre el lugar y el trabajo de campo realizado, nos hemos dado cuenta de que, si bien las condiciones del barrio han mejorado considerablemente, no lo han hecho tanto como hubiera sido deseable. Por un lado, da la impresión de que el proyecto del parque estaba más enfocado hacia el aspecto estético que el práctico. Muestra de ello es el hecho de que gran parte de la superficie del parque sea acuática o de césped no utilizable, o que no haya vegetación suficiente para refugiarse del sol. Por el otro lado, parece que, al final, los beneficiados han sido externos al parque y al barrio (quienes concibieron el proyecto: constructoras, inversores, multinacionales…) y no los antiguos vecinos. Solo hace falta dar una vuelta por los alrededores del parque para darse cuenta de que ni los pisos ni los comercios ni los hoteles son accesibles al ciudadano medio; el turista y el ciudadano “high class” son sus usuarios principales. Aun así, la opinión general del vecindado es positiva, ya que la mejora respecto al pasado es mucha. Sin embargo, podría haber sido mucho más beneficiosa para ellos si el proyecto hubiera estado enfocado a lo social y no a lo económico.

Bibliografía

– AJUNTAMENT DE BARCELONA, http://www.bcn.es.

– BARCELONA FIELD STUDIES CENTRE, “Diagonal Mar Barcelona: Urban planning excellence or disaster?” en Geography Field Work.com, 2009, http://geographyfieldwork.com/DiagonalMarSuccessfulRedevelopment.htm.

– “Diagonal Mar: a gated community” en Barcelona Field Studies Centre – Geography Field Work.com, 2009, http://geographyfieldwork.com/GatedCommunities.htm

– LUQUE, J. C. y FOSSAS, J., L’Abans. Barcelona. El Poblenou. Recull Gràfic 1886-1977, Efadós, Barcelona, 2010.

– MASSEY, D. 1991. “A global sense of place” en Space, place and gender. Polity Press, Cambridge, edición de 1994.

– MCNIELL, D. 1999. “Globalization and the European city” en Cities, 16 (3), pp. 143-147.

– MIRALLES, E.; TAGLIABUE, B., “projects: Diagonal Mar Park” en EMBT, http://www.mirallestagliabue.com/project.asp?id=51

– MUÑOZ, F. 2004. “Paisajes banales: bienvenidos a la sociedad del espectáculo” en Metrópolis: ciudades, redes, paisajes de Costa, Xavier y Solà Morales, Ignasi (ed.). Gustavo Gili, Barcelona.

– PORTAL D’ACTUALITAT DEL BARRI POBLENOU, http://www.poblenou.org/el-barri/ (11/09/2008).


[1] Barcelona Field Studies Centre: 2009; Barcelona Field Studies Centre 2009a; Miralles: s/a.

[2] Muñoz: 2004; Massey:1991; McNeill: 1999.

[3] Toda la información relativa a la descripción del parque pertenece, por un lado, a la web del Ajuntament de Barcelona, http://www.bcn.es, y, por otro, a las distintas visitas que hicimos al parque.

[4] Los dos artículos del “Barcelona Field Studies Centre” (BFSC: 2009-2009a) hacen un análisis exhaustivo de cómo afecta el concepto urbanístico del barrio Diagonal Mar a la segregación social de los barrios aledaños.

[5] Las pautas que han ayudado a estructurar el análisis del parque: la mercantilización de las políticas urbanas y los conceptos de ‘paisaje común’ y ‘manipulación de la historia’ vienen del texto de Muñoz (Muñoz: 2004).

[6] Josep López y Joana Verdú, quienes merecen un especial agradecimiento por su colaboración, sus fuentes tan bien catalogadas y su agradable compañía.


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